Emiliano Schenfelt, creador de contenido que analiza noticias económicas, sostiene que las decisiones más caras suelen tomarse el día en que los titulares son más alarmantes.
Una mañana cualquiera los titulares se ponen todos de acuerdo. Hay una cifra que sube, otra que baja, un anuncio que nadie esperaba, y en pocas horas se instala la sensación de que esta vez es distinto, de que hay que hacer algo ya. En muchas casas esa sensación termina en una decisión tomada bajo presión, sin tiempo real para pensarla.
Ese es el momento que Emiliano Schenfelt identifica como el más delicado. No la noticia en sí, sino lo que la gente hace con ella.
La cabeza, no el dato
La explicación de Emiliano Schenfelt arranca por una experiencia propia, de los años en que pensaba que saber alcanzaba.
«El problema no estaba en el análisis, estaba en mi cabeza. Uno cree que puede apagar la emoción cuando hay plata en juego y no puede.»
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La frase describe algo que cualquiera reconoce aunque nunca lo haya formulado así. Una persona puede tener perfectamente claro qué le conviene un martes tranquilo y hacer exactamente lo contrario el miércoles, después de leer tres titulares seguidos que anuncian lo peor. Nadie decide mal a propósito. Se decide mal porque la emoción llega antes que el razonamiento y ocupa todo el lugar.
Para Emiliano Schenfelt, la parte difícil nunca es armar un plan. Es sostenerlo cuando todos los titulares dicen que esta vez es distinto, que es justamente cuando más ganas dan de abandonarlo.
«Ahí es donde se pierde la plata de verdad, y no por haber elegido mal.»
Esa frase la dice Emiliano Schenfelt a partir de decisiones sobre el propio patrimonio, pero la lógica se extiende a casi cualquier decisión tomada en caliente. Cancelar un plan por una noticia, cambiar de rumbo después de una mala semana, comprar algo por miedo a que mañana cueste más. En todos esos casos el problema no es la falta de información sino el momento elegido para actuar.
Mirar menos
De ahí sale una observación que suena menor. La ansiedad, explica Emiliano Schenfelt, lleva a revisar todo el tiempo, y quien revisa todo el tiempo termina tocando lo que no debería. Por eso propone lo contrario: definir cada cuánto se mira y respetarlo, en lugar de reaccionar a cada novedad.
No se trata de desentenderse de las noticias. Emiliano Schenfelt dedica parte de su contenido a analizarlas, y estar informado forma parte de administrar bien una casa. Se trata de separar dos cosas que suelen llegar pegadas, que son enterarse de algo y sentir que hay que hacer algo al respecto de inmediato.
Tiempo para pensar
La distancia entre esas dos cosas es donde se juega casi todo. Un titular alarmante tiene una fecha y una hora. Las decisiones que se toman en respuesta a él, en cambio, suelen durar bastante más que la noticia que las provocó, y muchas veces siguen pesando cuando ya nadie recuerda qué decía el titular.
Su forma de abordar el tema no es técnica. No propone indicadores ni fórmulas para interpretar cada anuncio. Propone algo más básico y más difícil de practicar, que es darse tiempo antes de mover algo que costó meses construir.
Los días de noticias fuertes funcionan como una prueba de todo lo anterior. Ahí se ve si lo que una persona sabía estaba realmente incorporado o si solo funcionaba cuando todo estaba en calma.
Y la mayoría de las veces, el tiempo para pensar estaba ahí, aunque la noticia hiciera parecer lo contrario.


