Hace unos meses, cuando oficialmente se abrió el proceso para sustituir a Antonio Guterres al frente de la Secretaría General de Naciones Unidas, la entonces presidenta de la Asamblea General, la alemana Annalena Baerbock, marcó el tono diciendo que “el mundo espera que el próximo secretario general proporcione un liderazgo fuerte, dedicado y eficaz”.
El objetivo, señaló, es cumplir con los tres pilares de las Naciones Unidas: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo, además de preparar a la organización para el futuro. Sin embargo, las expectativas sobre el próximo secretario general no necesariamente coinciden con los intereses de las principales potencias.
La ONU sigue siendo una institución fundamental para millones de personas, incluidos refugiados y poblaciones vulnerables. Al mismo tiempo, su funcionamiento está condicionado por su diseño institucional, especialmente por el poder del Consejo de Seguridad y el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes.
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El poder de los cinco vetos
Históricamente, China y Rusia han mostrado reservas frente a determinados perfiles. En esta ocasión, Estados Unidos también desempeña un papel decisivo debido a sus posiciones sobre asuntos políticos, culturales e internacionales.
Kenneth Roth, quien dirigió durante tres décadas Human Rights Watch, ha cuestionado el posible rechazo estadounidense a aspirantes que han calificado la actuación de Israel en Gaza como un “genocidio”.
Las grandes potencias tampoco parecen buscar necesariamente una figura que confronte abiertamente sus posiciones. Desde hace años circula en los pasillos de Naciones Unidas el juego de palabras de que el Consejo de Seguridad prefiere “un secretario antes que un general”: una figura capaz de mediar y promover reformas sin convertirse en un permanente foco de confrontación.
Así se elige al secretario general de la ONU
El proceso permite que los aspirantes presenten sus candidaturas y desarrollen campañas diplomáticas para conseguir respaldo.
Posteriormente, el Consejo de Seguridad realiza los llamados straw polls, votaciones informales en las que sus miembros indican si apoyan, rechazan o no se pronuncian sobre cada candidato.
Conforme avanzan las rondas, los aspirantes con menor respaldo o aquellos que enfrentan un posible veto suelen retirarse.
Finalmente, el candidato seleccionado necesita al menos nueve votos de los 15 integrantes del Consejo de Seguridad y no recibir el veto de ninguno de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
El nombramiento debe posteriormente ser ratificado por la Asamblea General.
La posibilidad de un candidato sorpresa
Aunque actualmente existen aspirantes declarados, el mecanismo permite que pueda aparecer un nuevo nombre durante las negociaciones.
Entre los perfiles mencionados en círculos diplomáticos se encuentran la neerlandesa Sigrid Kaag, exsubsecretaria general de Naciones Unidas; la exembajadora de Emiratos Árabes Unidos ante la ONU Lana Nusseibeh; el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán y el serbio Vuk Jeremić, quien ya aspiró al puesto hace una década.
La posibilidad de un candidato inesperado aumenta debido a que ninguno de los aspirantes actuales parece haber conseguido todavía un respaldo suficientemente amplio.
América Latina busca hacer historia
La tradición de Naciones Unidas contempla una rotación geográfica informal para ocupar la Secretaría General. Tras los mandatos de Kofi Annan, de África; Ban Ki-moon, de Asia; y António Guterres, de Europa, América Latina y el Caribe aspiran a ocupar el puesto.
También existe un debate sobre la posibilidad de que, por primera vez en la historia de Naciones Unidas, una mujer sea elegida secretaria general.
Tras la retirada de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, entre los nombres latinoamericanos que permanecen en las conversaciones destacan la costarricense Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana.
Las posiciones de Washington pesan en la elección
La Administración estadounidense ha prestado especial atención al proceso. Varios candidatos han visitado Washington para presentar sus posiciones y buscar respaldo político.
De acuerdo con fuentes diplomáticas citadas en el texto original, algunas candidatas habrían sostenido varios encuentros con representantes estadounidenses para explicar sus posiciones sobre distintos asuntos internacionales.
Las posturas relacionadas con Israel, Cuba, derechos reproductivos y otros temas sensibles para Washington podrían influir en las decisiones estadounidenses durante el proceso.
China y Rusia también mueven sus fichas
Rusia mantiene reservas respecto al argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), debido, entre otros asuntos, a las tensiones relacionadas con Ucrania y la central nuclear de Zaporiyia.
Por su parte, China no ha expresado públicamente una preferencia definitiva. Sin embargo, la relación diplomática con Rebeca Grynspan ha llamado la atención.
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En junio, el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, recibió a la costarricense en Pekín. Durante ese encuentro, Grynspan expresó su compromiso con el principio de “una sola China”, mientras las autoridades chinas destacaron su papel en defensa del multilateralismo y de la Carta de Naciones Unidas.
Con siete candidatos todavía en carrera, posibles nombres que podrían surgir durante las negociaciones y cinco potencias con capacidad de veto, la elección del próximo secretario general de Naciones Unidas entra en una fase decisiva marcada por intensas negociaciones diplomáticas.


