
Quien apostó su prestigio a Kamala Harris está con el suape en la mano, tratando de limpiar la sangre derramada.
Por más que se apretó el puño, la verdad se ha colado entre los dedos de una ideología depravada y morbosa como la que cargan los demócratas azules.
No valió el tremendismo discursivo que presentaba a Donald Trump como un “ultraderechista” y “fascista”. No bastó que usaran el aparato mediático malévolo para darle voz a una actriz pornográfica que describiera sus dotes de “mujer alegre” y sus confirmadas actitudes de víctima.
No importó el apoyo de “influencers” que no influyen en nada y que solo hacen gala de un exhibicionismo patético al estilo hollywoodense.
No cambió nada en absoluto, a pesar de Obama, Pelosi y un sinnúmero de personajes que deberían cargar las maletas al único hombre que piensa en detener la carnicería que ocurre en Ucrania.
¡Felicidades, presidente Trump!


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