Tres escaños, una sola bandera

La victoria de tres candidatos de origen dominicano en la Cámara de Representantes de Estados Unidos es la mayor hazaña política de nuestra diáspora — y pasó casi sin el destaque que merece.

Tres escaños, una sola bandera
Tres escaños, una sola bandera

Por Santiago Matías Rojas

Hay noticias que hacen historia en silencio. El martes 3 de noviembre de 2026, en las elecciones de medio término de Estados Unidos, tres legisladores de ascendencia dominicana ganaron escaños en la Cámara de Representantes: Darializa Ávila Chevalier, por el distrito 13 de Nueva York; Tonty Enmanuel «Manny» Rutinel, por el distrito 8 de Colorado, y Analilia Mejía, reelecta por el distrito 11 de Nueva Jersey. Los tres, demócratas, coincidirán por primera vez en un mismo período legislativo. Es la mayor representación que la comunidad dominicana ha tenido jamás en el Congreso federal, y tomarán posesión en enero de 2027.

Tres nombres, tres estados, una misma raíz

En Nueva York, Ávila Chevalier se impuso con cerca del 88 % de los votos en el distrito 13 —Harlem, Washington Heights, Inwood y parte del Bronx, el corazón histórico de la diáspora—, después de haber derrotado en las primarias al propio Adriano Espaillat, el pionero que desde 2017 fue la única voz dominicana en la Cámara. En Colorado, Rutinel logró lo que parecía más difícil: derrotó por 56 % a 41 % al congresista republicano en funciones, Gabe Evans, en uno de los distritos más competidos del país. Y en Nueva Jersey, Mejía, de padre dominicano y madre colombiana, quien había llegado al Congreso en abril de 2026 al ganar una elección especial, aseguró ahora su primer mandato completo de dos años, con cerca del 70 % de los votos reportados.

La grandeza de una isla pequeña

Detengámonos en la dimensión del hecho. República Dominicana es una isla de poco más de diez millones de habitantes. Y sin embargo, sus hijos acaban de ganar tres asientos en el Capitolio de la primera potencia del mundo. Eso no ocurre por casualidad: es el fruto de décadas de trabajo de más de dos millones de dominicanos que emigraron, levantaron negocios, educaron a sus hijos y aprendieron que en Estados Unidos el voto también es una forma de defender la patria.

La victoria de Colorado lo dice todo. La comunidad dominicana ya no gana solo donde siempre estuvo concentrada, en el Alto Manhattan o en el Bronx: gana en todo el mapa. Asamblea estatal de Nueva York, alcaldías, concejos municipales y ahora tres estados distintos en el Congreso federal. La diáspora dejó de ser solo una fuente de remesas para convertirse en capital político.

Un relevo joven que casi nadie destacó

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Hay además un relevo generacional que debería llenarnos de orgullo. No son políticos improvisados: son jóvenes de ascendencia dominicana, hijos de inmigrantes, formados en las universidades y en el trabajo comunitario de Estados Unidos, que llegan a la Cámara Baja con la bandera de sus padres en el corazón. Ávila Chevalier toma el escaño que abrió Espaillat; Rutinel llega tras servir como legislador estatal en Colorado; Mejía ya hizo historia como la primera mujer de origen dominicano en la Cámara de Representantes. La antorcha no se apagó: cambió de manos y ahora son tres.

Por eso duele decirlo: una hazaña como esta fue prácticamente pasada por alto. No ocupó los titulares que merece ni en Estados Unidos ni, lo que es más triste, en buena parte de la prensa dominicana. Nos acostumbramos a celebrar a nuestros peloteros y a nuestros artistas —y bien que lo merecen—, pero cuando tres de los nuestros entran al Congreso de Estados Unidos, la noticia debería ser de primera plana durante una semana. Un pueblo que no celebra sus triunfos políticos difícilmente los repite.

Lo que esto significa para República Dominicana

Estos tres escaños importan, y mucho, al país que dejaron atrás sus padres. Tres voces dominicanas en Washington pesan cuando se discuten la política migratoria que afecta a nuestras familias, el comercio, la cooperación en seguridad y el trato que recibe nuestra gente en el exterior. Son, además, un puente permanente: embajadores electos por el voto, no designados por decreto, con legitimidad en los dos países.

El futuro que se prevé es claro. Si la comunidad sigue organizándose, registrándose y votando como lo hizo este noviembre, tres escaños serán solo el comienzo. La isla es pequeña en el mapa, pero su gente es grande en todas partes. El 3 de noviembre de 2026, en Nueva York, en Nueva Jersey y en Colorado, esa grandeza también ganó.

Redacción De Último Minuto

Redacción de De Último Minuto

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