Nueva York. – El actor estadounidense Morgan Freeman, ganador de un Premio de la Academia, amplía su vínculo con el blues con un nuevo proyecto musical que busca llevar este género, nacido en el sur de Estados Unidos, a públicos de diferentes partes del mundo.
La relación de Freeman con el blues comenzó hace aproximadamente 25 años, cuando se encontraba en Clarksdale, Mississippi, y varios visitantes le preguntaron dónde podían acudir para escuchar música en vivo. Aunque en la zona abundaban los músicos, prácticamente no existían espacios donde pudieran presentarse.
Ante esa situación, Freeman se asoció con el entonces alcalde de Clarksdale, Bill Luckett, y el empresario Howard Stovall para crear el Ground Zero Blues Club, un establecimiento que se convirtió en un punto de encuentro para los amantes del género y en uno de los proyectos más vinculados al actor.
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Ahora, Freeman y sus colaboradores han llevado esa pasión a una nueva dimensión con “Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience”, una propuesta itinerante que combina el blues tradicional del sur estadounidense con arreglos de música clásica y sinfónica.
El proyecto también se materializó en un álbum que lleva el mismo nombre y que reúne a reconocidos exponentes del blues y otras figuras musicales. Entre los participantes se encuentran Taj Mahal, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Tiernii Jackson, el Stax Music Academy Choir y la Chineke! Orchestra de Londres, entre otros artistas.
Aunque su nombre encabeza el proyecto, Freeman no participa como intérprete. El actor asumió las funciones de productor y narrador, mientras que la ejecución musical quedó en manos de artistas especializados en el género que ha acompañado parte de su trayectoria.
Freeman ha explicado que su relación con el blues nace principalmente de su admiración por la música y de su deseo de contribuir a su difusión. Para el actor, el género representa una parte importante de la historia estadounidense, especialmente por sus raíces en el delta del Mississippi y su vínculo con las experiencias de adversidad que marcaron a varias generaciones.
La iniciativa comenzó como un espectáculo en vivo concebido para llevar el blues a nuevos escenarios y audiencias. Eric Meier, socio de Freeman y coproductor del proyecto, explicó que la propuesta busca ampliar el alcance de esta música y conectar sus raíces con públicos de diferentes culturas y geografías.
Para convertir el espectáculo en un álbum, el equipo tuvo que condensar una presentación de casi dos horas en una producción de aproximadamente 45 minutos distribuidos en 12 canciones, manteniendo la esencia del formato original.
El disco incorpora además elementos audiovisuales y una narración de carácter cinematográfico realizada por Freeman y grabada en el Ground Zero Blues Club de Clarksdale, escenario que representa uno de los puntos centrales de su relación con el blues.
Con esta producción, Freeman busca contribuir a que un género profundamente ligado a la historia del sur de Estados Unidos continúe cruzando fronteras y llegue a nuevas generaciones de oyentes alrededor del mundo.


