Santo Domingo.– A cuatro meses del colapso del techo en la discoteca Jet Set, los ecos de la tragedia aún estremecen a comunidades como San Cristóbal, de donde provenían varias de las víctimas. Lejos de cerrarse, la herida permanece abierta, alimentada por la impotencia, el duelo colectivo y la ausencia de justicia, según expresaron familiares y allegados en conversaciones con De Último Minuto.
Gladys Castro, pariente de varias víctimas, aseguró que el impacto emocional ha sido profundo, tanto para las familias como para el pueblo en general. “Esto no fue solo una tragedia para nosotros; fue una tragedia nacional. San Cristóbal todavía llora. Yo misma he tenido que buscar ayuda psicológica… hay días que no se pueden olvidar. Y lo peor es que no se ha hecho nada. Casi nadie ha dicho nada, ni siquiera el gobierno”, expresó con indignación.
Leer más: Esposo de víctima del Jet Set ante jueza afirma: “Los Espaillat sabían del peligro”
Entre las víctimas de San Cristóbal figuran dos hermanas y sus esposos, dejando atrás tres niñas huérfanas de 15, 19 y 20 años. “¿Y qué pasó con la ayuda prometida? No sabemos si esas niñas siguieron estudiando. Aquí lo que duele no es solo la pérdida, sino que las autoridades actúan como si no hubiera pasado nada”, agregó Castro, quien cuestionó la supuesta protección a los responsables del local.
El testimonio de Zuleika Nolasco, reflejó el desconsuelo que vive el barrio. “Aquí se perdió la alegría. Nunca más volvió a ser igual. Uno camina las calles y siente el vacío. Las personas que uno veía todos los días ya no están, y nadie responde por eso. Hemos perdido vecinos, amigos, y la esperanza se nos va agotando. Parece que este país no tiene justicia para el que no tiene poder”, lamentó.
Mientras tanto, agrupaciones como los Haineros Dorados, a los que pertenecían 11 de los fallecidos, anunciaron que seguirán luchando por justicia. “Esto no se va a quedar así. Nos quieren dormir con procesos maquillados, pero nosotros no vamos a ceder. Esta tarde a las cinco volvemos a zona cero para que no olviden lo que pasó. No pueden seguir jugando con nuestro dolor”, manifestó uno de sus representantes.
Cuatro meses después, el dolor en San Cristóbal sigue vivo. Los rostros ausentes, los niños huérfanos y los vacíos en las comunidades son el recordatorio constante de una tragedia que para muchos ha sido ignorada por las autoridades. La justicia, hasta ahora, sigue en deuda.




