Washington.– Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido las amenazas de consecuencias extremas en una herramienta frecuente de presión contra países, aliados e instituciones, una estrategia que volvió a quedar en evidencia con sus recientes advertencias hacia la Reserva Federal (Fed).
Trump planteó la posibilidad de imponer embargos comerciales para presionar a la Fed a reducir las tasas de interés. El mandatario ha defendido que Estados Unidos debería tener los tipos más bajos del mundo y ha cuestionado el comercio con países con los que mantiene déficits.
La postura forma parte de una estrategia que durante su segundo mandato ha incluido amenazas de fuertes aranceles, cambios territoriales y acciones militares contra Gobiernos considerados adversarios.
Amenazas de Trump alcanzan a aliados y adversarios
En los últimos meses, Trump ha planteado la posibilidad de que Canadá se convierta en el estado número 51 de Estados Unidos y ha insistido en su interés por Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, país aliado de Washington y miembro de la OTAN.
También anunció su intención de recuperar el control del canal de Panamá y propuso que Estados Unidos asumiera el control de la Franja de Gaza para desarrollar el territorio después de trasladar a los palestinos a otros países.
En el caso de Irán, las declaraciones del presidente estadounidense han llegado a un tono todavía más extremo. Durante el conflicto con Teherán, Trump advirtió sobre consecuencias devastadoras si Irán no reabría el estrecho de Ormuz y también amenazó con destruir infraestructura del país.

Las amenazas de Trump no se han limitado a la política exterior. Su Administración también ha utilizado la presión económica y regulatoria contra instituciones y organizaciones dentro de Estados Unidos.
La estrategia de presión de Trump
Aliados del presidente, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, han defendido este tipo de declaraciones como una estrategia de negociación. Según esa interpretación, Trump evita renunciar de antemano a cualquier instrumento de presión cuando inicia una negociación.
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Los aranceles también se han convertido en uno de los principales mecanismos utilizados por el mandatario. Trump ha amenazado con aplicar elevados gravámenes a países y bloques económicos en distintos conflictos comerciales.
La presión económica se ha extendido a los países BRICS, a los que Trump ha advertido con aranceles si impulsan alternativas al dólar, así como a productos procedentes de Europa.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, también ha planteado la posibilidad de utilizar medidas comerciales más severas después de que el Tribunal Supremo estadounidense limitara parte de la capacidad del presidente para imponer aranceles.
Trump también enfrenta críticas internas
La estrategia del Gobierno estadounidense tampoco se ha limitado a otros países. Trump ha amenazado con retirar beneficios fiscales a la Universidad de Harvard y ha reclamado acciones contra medios de comunicación y periodistas críticos.
El filósofo y profesor de la Universidad de Georgetown Olúfẹ́mi O. Taiwo consideró que el ejercicio del poder durante el Trump 2.0 ha estado marcado por una confrontación constante con adversarios políticos y otras instituciones.
Mientras tanto, los críticos del presidente, incluido el Partido Demócrata, sostienen que esta política de amenazas puede terminar afectando la seguridad de Estados Unidos y el orden internacional.
Así, durante el segundo mandato de Trump, la posibilidad de aplicar consecuencias máximas, aunque posteriormente sean modificadas, retiradas o negociadas, se ha convertido en una característica recurrente de su Gobierno.



