Santo Domingo, RD. – El fallecimiento de la infante Yazlin Isabela, ocurrido bajo la custodia de una Asociación Sin Fines de Lucro (ASFL) en Santiago, entidad subcontratada por el Estado, ha desnudado una crisis de transparencia y una alarmante negligencia en el sistema de protección infantil dominicano.
En una intervención realizada este martes en el programa ‘Esto No es Radio Show’, Juan Graciano Cruz, padre de la menor, denunció que tras diez meses de la pérdida de su hija de apenas tres meses y doce días de nacida, el sistema judicial sigue negándole el acceso a los resultados oficiales de la autopsia. La falta de este documento forense constituye una barrera crítica que impide transformar las evidencias visuales de negligencia en cargos penales concretos. Este vacío de respuestas traslada el conflicto del ámbito médico al terreno de la responsabilidad jurídica del Estado, donde la maquinaria institucional parece haberse activado no para proteger a la víctima, sino para blindar a los funcionarios involucrados.
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La intervención del sistema de protección se originó cuando Juan Graciano Cruz, detectando que la madre de la niña atravesaba una crisis de salud mental extrema —llegando incluso a cortarse las venas—, acudió al tribunal de menores buscando salvaguardar a su hija. Sin embargo, en lugar de reconocer la idoneidad del padre, quien ofreció costear de su propio bolsillo pruebas de dopaje para él y su madre ante las acusaciones de presuntos «vicios» lanzadas por la fiscal Angelina Santos, el sistema decidió desplazar el reclamo del progenitor.
La fiscal Angelina Santos, a quien el padre señala directamente por su proceder, dispuso el traslado de Yazlin Isabela al Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) tras fracasar una guarda provisional con una tía. La menor fue ingresada en la entidad ‘Red de Misericordia’ en Santiago, dirigida por Olga Mariano Boa Fernández de Arrocha. Apenas diez días después de su ingreso, la familia fue citada a la fiscalía donde se les notificó el fallecimiento de la bebé.
La versión oficial del centro alega una «convulsión». No obstante, el padre sostiene poseer pruebas fotográficas contundentes que contradicen esta tesis: la infante presentaba rastros de leche que brotaban de sus ojos y oídos, una señal inequívoca de broncoaspiración por presunta falta de supervisión al momento de alimentarla. Esta contradicción entre la versión de la ASFL ‘Red de Misericordia’ y la evidencia física captada por el padre convierte a la autopsia del INACIF en la pieza pericial definitiva para romper el cerco de silencio.
Juan Graciano Cruz, transformado en un símbolo de la lucha contra la indolencia burocrática, ha dejado clara su postura frente a las autoridades que hoy apuestan al olvido:
«Yo no descansaré porque yo se lo prometí a ella en la tumba. Mientras yo esté vivo, tenga mis dos pies y mi boca para hablar, yo voy a seguir para adelante como un soldado».



