
La desaparición de cuatro militares salvadoreños tras un ataque de bandas criminales en Haití vuelve a poner en evidencia la gravedad de una crisis que parece no tener fin. La decisión del presidente de ese país centroamericano, Nayib Bukele, de enviar refuerzos para localizar a sus compatriotas demuestra hasta dónde ha llegado el desafío de organizaciones que mantienen bajo su control amplias zonas del vecino país. Ante esta situación, la República Dominicana debe actuar con firmeza para proteger su territorio, pero también con la prudencia necesaria para no verse arrastrada a un conflicto que no le corresponde librar.
El presidente Luis Abinader ha dispuesto reforzar la frontera sur con dos batallones adicionales y ha confirmado su colaboración con El Salvador mediante apoyo logístico, asistencia médica e intercambio de inteligencia. Son medidas razonables que responden a nuestra responsabilidad de garantizar la seguridad nacional y contribuir a los esfuerzos internacionales. Sin embargo, esa cooperación debe mantenerse dentro de límites claros, sin comprometer tropas dominicanas en operaciones militares dentro de Haití.
El Gobierno acierta al fortalecer la vigilancia fronteriza y descartar una intervención militar directa. Defender nuestra soberanía no significa darle la espalda a la tragedia haitiana, pero tampoco asumir responsabilidades que corresponden a una comunidad internacional que durante demasiado tiempo ha sido incapaz de ofrecer soluciones duraderas. La población haitiana también es víctima de estas bandas criminales, y cualquier respuesta debe distinguir entre quienes siembran el terror y millones de ciudadanos que solo aspiran a vivir en paz.
La crisis de Haití exige mucho más que despliegues militares y declaraciones diplomáticas. Se necesita un compromiso internacional sostenido para recuperar la seguridad, fortalecer las instituciones y devolverle la esperanza a su población. La República Dominicana debe seguir colaborando, sin descuidar sus fronteras ni comprometer su estabilidad. La solidaridad con Haití es necesaria, pero la seguridad y la soberanía dominicanas no pueden ponerse en juego.


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