Nos inundamos, pero nos falta agua

Redacción De Último Minuto
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República Dominicana enfrenta una paradoja que ya no puede despacharse como una simple rareza del clima: nos falta agua mientras, cuando llueve con fuerza, buena parte de esa misma agua termina inundando calles, avenidas y sectores enteros. Este lunes, mientras varias demarcaciones estaban bajo alerta por posibles inundaciones, el director del Inapa, Wellington Arnaud, advertía sobre las difíciles condiciones de sequía y llamaba a racionalizar el consumo. No hay contradicción científica: un aguacero no llena automáticamente presas y acuíferos ni convierte la lluvia en agua potable. La contradicción está en otra parte: todavía tenemos serias dificultades para manejar el agua cuando sobra y cuando falta.

Durante los períodos de lluvia, enormes volúmenes corren por superficies impermeabilizadas, desbordan cañadas y ponen a prueba drenajes insuficientes. Cuando llegan semanas de pocas precipitaciones, bajan los caudales y comienzan las restricciones. Ese ciclo no puede seguir tratándose como una cadena de emergencias desconectadas. El país necesita más capacidad de almacenamiento, mejores acueductos y drenajes, protección de cuencas y acuíferos, menos pérdidas en las redes, tratamiento y reutilización de aguas residuales y un mayor aprovechamiento de las aguas pluviales.

Hay avances que deben reconocerse. El Gobierno informó inversiones superiores a RD$37,000 millones en agua potable y saneamiento y anunció proyectos como la ampliación del Acueducto del Cibao Central y nuevas soluciones para aumentar el suministro del Gran Santo Domingo. Pero precisamente la magnitud de esas obras obliga a pensar más allá de proyectos aislados. Agua potable, presas, drenaje, saneamiento, cañadas, ordenamiento territorial y crecimiento urbano forman parte del mismo problema y deben planificarse como un solo sistema.

El ciudadano tiene que ahorrar agua y dejar de convertir calles y cañadas en vertederos, pero la responsabilidad principal de planificar corresponde al Estado. República Dominicana necesita calcular desde ahora cuánta agua demandará dentro de 10, 20 o 30 años, qué fuentes tendrá disponibles y qué infraestructura deberá construir para responder a ese crecimiento. No podemos seguir esperando la sequía para hablar de agua ni el aguacero para recordar los drenajes. No podemos controlar cuándo llueve, pero sí decidir si el agua que llega se convierte en recurso o vuelve a convertirse en problema.

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