De Constance Fisher a Lindsay Clancy: dos tragedias familiares marcadas por el debate sobre la salud mental

Redacción De Último Minuto
By
9 Min Read
De Constance Fisher a Lindsay Clancy: dos tragedias familiares marcadas por el debate sobre la salud mental

Estados Unidos.– Más de medio siglo separa las historias de Constance Fisher y Lindsay Clancy, dos mujeres estadounidenses vinculadas a la muerte de sus propios hijos y cuyos casos colocaron la salud mental en el centro de la discusión sobre responsabilidad penal.

El caso de Fisher estremeció al estado de Maine durante el siglo XX. Su historia resultó todavía más impactante porque la tragedia ocurrió dos veces: mató a sus primeros tres hijos en 1954 y, luego de permanecer internada en una institución psiquiátrica y recuperar la libertad, otros tres hijos murieron a manos de ella en 1966.

Décadas después, el proceso contra Lindsay Clancy ha vuelto a colocar ante un jurado una cuestión compleja: hasta qué punto el estado mental de una persona al momento de cometer un crimen puede determinar su responsabilidad ante la justicia.

Clancy, exenfermera de 36 años, es juzgada por la muerte de sus tres hijos en Massachusetts en 2023. Su defensa sostiene que atravesaba un episodio de psicosis posparto que afectó su capacidad para comprender y controlar sus acciones, mientras la Fiscalía argumenta que era consciente de lo que hacía.

¿Quién fue Constance Fisher?

Constance Margaret Fisher nació como Constance Margaret Sirois el 26 de marzo de 1929 en Oakland, Maine. Fue abandonada por sus padres biológicos y posteriormente adoptada por la familia Sirois.

En 1946, cuando tenía 17 años, se casó con Carl Marion Fisher, de 24, veterano de la Segunda Guerra Mundial y trabajador de un taller mecánico del ferrocarril Maine Central. La pareja se instaló en Waterville y tuvo tres hijos: Richard, Daniel y Deborah Kay.

Recomendamos leer:Jurado sigue sin acuerdo en juicio contra mujer acusada de matar a sus tres hijos

Durante aquellos años comenzaron a aparecer señales de problemas emocionales. Fisher experimentaba ansiedad y depresión, se preocupaba frecuentemente por sus hijos, las dificultades económicas y las condiciones de su vivienda. También había intentado quitarse la vida.

Nadie imaginaba entonces que la familia estaba a las puertas de una tragedia.

Tres hijos muertos en 1954

El 8 de marzo de 1954, Carl Fisher regresó del trabajo y encontró cerrada la puerta de su vivienda.

Ante la preocupación, buscó al médico que estaba atendiendo a su esposa por episodios recientes de depresión. Ambos consiguieron entrar a la casa.

En el interior encontraron muertos a los tres niños. Daniel y Deborah estaban en sus camas, mientras Richard había sido ahogado en la bañera.

Constance fue localizada inconsciente debajo de una cama después de un intento de suicidio. Las autoridades encontraron además una nota en la que afirmaba que había ahogado a los niños para “salvarlos del mal” y aseguraba que Dios se lo había ordenado.

Un diagnóstico cambió el rumbo del caso

Fisher fue arrestada y acusada de asesinato, pero antes de que pudiera ser juzgada fue sometida a una evaluación psiquiátrica.

Los especialistas concluyeron que padecía esquizofrenia paranoide y que no estaba en condiciones de comparecer ante un tribunal. En lugar de continuar inmediatamente hacia una condena penal, fue internada en el Hospital Estatal de Augusta para recibir tratamiento.

Con el paso del tiempo mostró señales de mejoría. En 1959, cinco años después de la muerte de sus primeros hijos, quedó bajo la custodia de su esposo.

Carl y Constance intentaron reconstruir su familia. Se trasladaron a otra vivienda y tuvieron tres hijos más: Kathleen Louise, nacida en 1960; Michael Jon, en 1962; y Natalie Rose, en 1965.

Parecía el comienzo de una nueva etapa.

No lo fue.

Doce años después, la tragedia se repitió

El 30 de junio de 1966, Carl volvió a casa después del trabajo y encontró a Natalie, de apenas nueve meses, ahogada en la bañera.

Las autoridades acudieron a la vivienda y posteriormente localizaron a Michael y Kathleen muertos en sus camas.

Constance también fue encontrada inconsciente tras otro intento de suicidio, esta vez por una sobredosis de pastillas.

Las similitudes con lo ocurrido 12 años antes fueron tan inquietantes que periódicos de la época describieron el episodio como una “duplicación de la tragedia”.

En dos episodios diferentes, los seis hijos de Constance Fisher habían muerto.

La salud mental volvió al centro del proceso

Después de los segundos asesinatos, las autoridades intentaron llevar nuevamente a Fisher ante la justicia.

Fue evaluada para establecer si podía enfrentar un juicio y posteriormente acusada por las muertes de Kathleen, Michael y Natalie. Su defensa volvió a concentrarse en su condición mental.

Finalmente, el tribunal determinó que Fisher estaba legalmente demente y ordenó que permaneciera internada en el Hospital Estatal de Augusta por el resto de su vida.

Lindsay Clancy: un debate similar décadas después

Más de cinco décadas después, otro caso ocurrido en Nueva Inglaterra ha planteado ante la justicia preguntas relacionadas con la enfermedad mental y la responsabilidad penal.

Lindsay Clancy enfrenta un juicio por la muerte de sus tres hijos en Massachusetts en 2023.

Clancy no niega haber causado las muertes, pero su defensa sostiene que atravesaba una psicosis posparto que habría alterado profundamente su capacidad para comprender y controlar sus acciones.

La Fiscalía sostiene una tesis contraria: argumenta que Clancy comprendía lo que estaba haciendo y que debe responder penalmente por las muertes.

El caso llegó esta semana a un momento decisivo. Tras cinco días de deliberaciones, el jurado comunicó por segunda ocasión al juez William Sullivan que no había conseguido alcanzar un veredicto unánime.

Dos casos que no son iguales

Aunque existen paralelismos, las historias de Fisher y Clancy no deben considerarse casos idénticos.

Fisher fue diagnosticada, según los registros del caso, con esquizofrenia paranoide, mientras que la defensa de Clancy fundamenta parte de su estrategia en una alegada psicosis posparto. Además, los hechos ocurrieron en épocas diferentes y bajo circunstancias y procesos judiciales distintos.

Lo que conecta ambas historias es la compleja pregunta que llegó a los tribunales después de las tragedias: ¿qué responsabilidad penal corresponde cuando la defensa sostiene que una enfermedad mental afectó la capacidad de una persona para comprender sus actos?

En el caso de Fisher, el tribunal terminó determinando que debía permanecer institucionalizada. En el de Clancy, la respuesta todavía está en manos de la justicia.

El final de Constance Fisher

Fisher permaneció durante años en el Hospital Estatal de Augusta.

El 1 de octubre de 1973 escapó de la institución, provocando una operación de búsqueda. Ocho días después, unos cazadores de patos encontraron el cuerpo de una mujer flotando en el río Kennebec, cerca de Gardiner.

La autopsia confirmó que se trataba de Constance Fisher. Su muerte fue considerada un ahogamiento accidental y se estimó que probablemente ocurrió el mismo día de su fuga. Tenía 44 años.

Fue enterrada en la parcela familiar en Waterville. Cuando Carl Fisher murió en 1990, también fue sepultado en el lugar donde descansaban su esposa y sus seis hijos.

Décadas después, mientras un jurado intenta decidir el destino judicial de Lindsay Clancy, la historia de Constance Fisher reaparece como un antecedente histórico que muestra hasta qué punto los casos de madres que causan la muerte de sus hijos pueden plantear difíciles interrogantes para la psiquiatría y la justicia.

Share This Article
Redacción de De Último Minuto