Eran jóvenes, ricos y brillantes: asesinaron por un macabro desafío y un error destruyó su plan

Redacción De Último Minuto
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Eran jóvenes, ricos y brillantes: asesinaron por un macabro desafío y un error destruyó su plan

Chicago.– Eran jóvenes, pertenecían a familias adineradas, habían recibido una educación privilegiada y eran considerados brillantes. Sin embargo, Nathan Leopold Jr. y Richard Loeb, de 19 y 18 años, respectivamente, decidieron utilizar su inteligencia para llevar adelante un macabro desafío: cometer un asesinato y demostrar que podían hacerlo sin ser descubiertos.

Durante meses los jóvenes hablaron de matar, prepararon la forma de ocultar un cadáver y hasta diseñaron un plan para exigir dinero por el rescate de una víctima que para entonces ya estaría muerta. Convencidos de su supuesta superioridad, solo les faltaba elegir a quién matar.

Un adolescente de 14 años fue la víctima

El 21 de mayo de 1924, Leopold y Loeb salieron a recorrer las calles de Chicago en un automóvil alquilado utilizando una identidad falsa. Buscaban a un joven al que pudieran convencer de subir al vehículo.

La víctima elegida fue Robert “Bobby” Franks, un adolescente de 14 años que regresaba de la escuela. El muchacho conocía a Loeb, con quien tenía una relación familiar lejana, por lo que finalmente aceptó subir al automóvil.

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Una vez dentro, Bobby fue atacado y murió en el vehículo. Posteriormente, los jóvenes trasladaron su cuerpo hasta un lugar que habían seleccionado previamente y lo ocultaron dentro de una alcantarilla cercana a las vías del ferrocarril.

Exigieron dinero por una víctima que ya estaba muerta

Tras el asesinato, los jóvenes pusieron en marcha la segunda parte de su plan. Querían hacer creer a la familia que Bobby había sido secuestrado y todavía permanecía con vida.

Los jóvenes prepararon una nota de rescate en la que exigían 10,000 dólares a cambio de devolver al adolescente. Pero antes de que la familia pudiera entregar el dinero, ocurrió algo que comenzó a destruir el supuesto “crimen perfecto”.

La mañana del 22 de mayo, un trabajador encontró el cuerpo de Bobby en la alcantarilla donde había sido abandonado.

El pequeño error que terminó delatándolos

Cuando la Policía examinó el lugar donde apareció el cadáver encontró una pista inesperada: un par de anteojos.

Bobby no utilizaba lentes, por lo que los investigadores comenzaron a buscar a su propietario.

El modelo tenía unas bisagras particulares y había sido comercializado por un único distribuidor de Chicago. Se habían vendido muy pocos pares y, al revisar los registros, los investigadores hicieron un descubrimiento clave: uno pertenecía a Nathan Leopold.

La explicación que ofreció el joven no convenció a los investigadores. Luego surgieron otras evidencias relacionadas con la nota de rescate y el automóvil utilizado.

La coartada comenzó a derrumbarse.

El “crimen perfecto” se desmorona

Leopold y Loeb fueron interrogados por separado. Loeb terminó confesando primero, aunque responsabilizó a Leopold de haber cometido el asesinato. Cuando Leopold conoció la confesión de su compañero, también admitió su participación.

Paradójicamente, los dos jóvenes que querían demostrar que podían cometer un crimen sin ser descubiertos terminaron intentando responsabilizarse mutuamente.

El caso conmocionó a Estados Unidos. No se trataba de un asesinato motivado originalmente por dinero, venganza o un conflicto con la víctima. Según el relato del caso, el objetivo era demostrar que podían matar y escapar sin ser descubiertos.

La Fiscalía pidió la pena de muerte

Las pruebas contra ambos eran contundentes. Habían confesado y los investigadores contaban, entre otras evidencias, con los anteojos encontrados junto al cadáver y elementos relacionados con la máquina de escribir utilizada para preparar la nota de rescate.

Ante el peso de las evidencias, ambos se declararon culpables. Su defensa quedó en manos del reconocido abogado Clarence Darrow, quien buscó evitar que fueran condenados a muerte.

El 10 de septiembre de 1924, el juez John R. Caverly dictó sentencia.

Nathan Leopold Jr. y Richard Loeb fueron condenados cada uno a prisión perpetua por el asesinato y 99 años adicionales por el secuestro. La edad de ambos fue un factor decisivo para que el juez no impusiera la pena de muerte.

¿Qué ocurrió con ellos?

Richard Loeb no llegó a cumplir 12 años de la condena. En enero de 1936 fue atacado por otro recluso en la prisión de Stateville, Illinois, y murió a los 30 años.

Nathan Leopold permaneció encarcelado durante décadas. Finalmente obtuvo la libertad condicional en 1958, después de 34 años en prisión. Posteriormente se trasladó a Puerto Rico, donde desarrolló diferentes actividades hasta su muerte en 1971, a los 66 años.

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El caso de Leopold y Loeb se convirtió en uno de los episodios criminales más conocidos de Estados Unidos e inspiró libros, películas y obras de teatro.

Su intención los jóvenes querian demostrar que eran capaces de cometer el “crimen perfecto”. Sin embargo, todo comenzó a venirse abajo por un pequeño objeto abandonado junto al cadáver: unos anteojos que condujeron a los investigadores directamente hasta uno de los asesinos.

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