
Ante el rechazo que ha calado en diversos sectores por la propuesta de reforma fiscal presentada por el Gobierno dominicano, no duden que el presidente Luis Abinader, lejos de estar enojado o preocupado por su popularidad, esté actualmente muerto de la risa.
Es probable que, como ya es habitual, se haya generado un tremendo avispero para medir la temperatura de una situación específica, con el fin de despejar el camino hacia la solución y quedar como el mejor ante todos.
No se sorprendan si este domingo Abinader decide retirar su propuesta de reforma fiscal y argumenta que sus oídos están en el corazón del pueblo.
Ni Bukele sería tan sinónimo de El Salvador como lo es Abinader para una parte de la sociedad ingenua y dócil.

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