Análisis de fortalezas y debilidades en el tablero electoral del 2028.
En República Dominicana ya no solo se hace política en los partidos políticos; se hace en los lives. La análoga forma de hacer campaña, con actos, mítines y marchas, estaría siendo superada con creces por el liderazgo digital y, es innegable que, en ese nuevo campo de batalla en nuestro país, Santiago Matías, “Alofoke”, es el rey.
Analizar el fenómeno de Alofoke se inicia con aceptar que es un creador futurista porque vio oportunidades de crecer donde otros no las vieron; es el visionario comunicacional más exitoso del Caribe y sus innegables éxitos están ahí, palpables al conocimiento de todo el que lo juzgue con imparcialidad. Pero este ha decidido participar en política activa y, para tales fines, ha dado a conocer la que será su plataforma electoral, Dominicanos Primero, organización que está presentando credenciales con el apoyo que le están manifestando sus seguidores, quienes, con su firma, buscan que obtenga la personería jurídica como partido político.
Me he detenido a analizar a cuál de los mediáticos outsiders que ha logrado ganar unas elecciones se le parecería. Creo, sin dudas, que a Volodímir Zelenski, el hoy presidente de Ucrania, actor y comediante muy popular que llegó al poder con su partido político, “Servidor del Pueblo”, sin nunca haber participado en política.
Jimmy Morales, Trump y Milei son los ejemplos más ilustrativos del poder de la comunicación; aunque con una gran exposición mediática, no incluí al presidente Nayib Bukele, porque antes de llegar a la jefatura del Estado había sido dos veces alcalde, una de ellas en su capital, San Salvador, por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), por lo que no debiera considerarse como un outsider.
Las fortalezas de Alofoke están a la vista de todos; veamos:
1. Sus orígenes: Viene de Capotillo, un barrio popular y emblemático del Distrito Nacional; conoce profundamente al pueblo y sus carencias.
2. Monopoliza la atención de la juventud: Tiene un sólido respaldo en los ciudadanos de los sectores populares e, inclusive, en parte de los de clase media menores de 35 años.
3. Conecta con la calle: Actúa y habla como el pueblo, las más de las veces de forma estridente, pero ese desparpajo es el que lo hace identificarse con el dominicano “de a pie”.
4. Se percibe como un antisistema: Con la gran desafección política que se está inoculando en la sociedad, no pocos están girando su vista hacia él.
5. Tiene el ecosistema digital más completo de la región: Su maquinaria de producción digital le hace llegar en tiempo real a la población, domina el meme y la controversia, tiene su propia base de datos y una fiel comunidad que le sigue de forma vehemente, lo que también le permite recaudar apoyo económico, sobre todo en la diáspora, donde sus disruptivos mensajes han logrado una gran penetración.
6. El rey en la estructura musical y mediática del pueblo: Los urbanos, los creadores de contenido y el liderazgo joven barrial le cogen línea; tiene a su servicio un verdadero ejército de promotores.
7. Su capacidad de reacción no tiene parangón: En minutos pulveriza mediáticamente a cualquier miembro de las élites, empresarial o política.
8. Su manifiesta posición antiinmigración haitiana: Le ha hecho calar en sectores ultrapatrióticos que le sirven también de caja de resonancia a sus altisonantes declaraciones sobre ese particular.
Ahora bien, sus debilidades para fines políticos son también notorias; analicemos:
1. Tendrá poco apoyo en los electores de más de 40 años, que son los que hasta ahora deciden las elecciones porque son los que votan.
2. No tiene estructura territorial como las que, en años de trabajo, han consolidado el PRM, FP y PLD.
3. Su disruptiva participación política en búsqueda del poder total —la Presidencia de la República— le haría ganar poderosos enemigos en el sector empresarial, en las iglesias y, sobre todo, en la clase política.
4. Su historial de controversias, documentado en videos, sería uno de los handicaps para conseguir un significativo apoyo electoral fuera de su núcleo duro de seguidores.
5. Las élites corporativas que han gobernado el país por largos años harían de todo para lograr minimizar su impronta electoral; es de esperarse que esto sea así en un país donde existe un apartheid articulado por la élite que nos gobierna, donde no quieren saber de negros, mulatos, mestizos, pobres e iletrados.
6. La imparcialidad: Que es una de sus armas más efectivas, desde que concrete sus aspiraciones se verá cuestionada y eso limitará, en parte, su radio de acción.
7. Su estructura empresarial: Por lo menos localmente podría ser seriamente afectada, porque sus nuevos adversarios le retirarían su apoyo económico, tanto público como privado; claro está, su impronta mediática va más allá de nuestros mares.
8. Su agenda de campaña: Busca cambiar radicalmente el statu quo en un país ciertamente gobernado por sectores conservadores; estos le tendrán una hueste de calificados técnicos para tratar de descalificarlo.
Aunque el hartazgo hacia los políticos es más que evidente, todavía estos controlan la estructura territorial y electoral del país; para esos fines, no lo duden, se pondrían de acuerdo para evitar que repentinamente llegue alguien que amenace seriamente el sistema de partidos y la desgastada democracia representativa.
Santiago Matías debe saber que llegar al poder es una tarea ciclópea en este país, pues solo ocho hombres han gobernado el 70 % de nuestra vida republicana: Santana, Báez, Lilís, Trujillo, Balaguer, Leonel, Danilo y Luis Abinader. Son varias las patas de la mesa del poder en esta media isla y Alofoke apenas tendría una parte del apoyo de la población y, tal vez, la simpatía del Coloso del Norte.
Para el año 2028, aspirar al principal cargo de la Nación no es para nada estratégico; si en verdad desea ser inquilino de la Mansión de Gazcue, lo lógico sería buscar consolidar su proyecto político con la obtención de una buena cantidad de escaños ganados —vocales, regidores, directores de DM, alcaldes, diputados y, por qué no, hasta algunos senadores—, y él mismo debiera llegar al Congreso o a la Alcaldía del Distrito Nacional y, desde ahí, presentar credenciales de lo que él haría diferente a lo que han hecho los políticos tradicionales, como así lo hizo Bukele durante seis años como alcalde y Bolsonaro como diputado por varios períodos, entre otros.
Así, si pudiese para el año 2032 tener un proyecto político sólidamente consolidado y con sus aciertos en ejecutorias, le granjearía el apoyo de sectores que hoy le adversarían. Reconozco que una de las principales manifestaciones de la sociedad líquida actual es que produce liderazgos impacientes e inmediatistas, que solo conocen el hoy, como si el futuro no existiese.
Sé que no pocos pudiesen poner el ejemplo de Leonel Fernández, que llegó a presidente en el año 1996 sin haber ocupado cargo público alguno, pero con una dilatada carrera política en el PLD de 23 años. El expresidente Fernández logró el poder verbigracia al apoyo simultáneo del profesor Juan Bosch y del presidente Joaquín Balaguer.
Reconozco que “Dominicanos Primero”, con Santiago Matías a la cabeza, tendría un buen respaldo, pero este no le sería suficiente para contender por el poder; sin embargo, si se suma a una alianza opositora, sería una pieza fundamental en el triunfo de la misma. Saldría fortalecido con una pléyade de líderes locales de su proyecto integrados a los poderes públicos, lo que sería una gran oportunidad para demostrar todos, desde ahí, que actuarían muy diferente a la clase política y empresarial que nos ha gobernado.
Alofoke, al cual creo audaz e inteligente, deberá decidir entre participar en el 2028 o, de verdad, crear una verdadera estructura para el 2032 que le pudiese hacer llegar al poder; esa debiera ser la disyuntiva de su disruptivo proyecto político.
¡Piénsalo, Santiago!





